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Los mil rostros del fragil y disperso poder regional
y local en el Perú

Rudecindo Vega Carreazo
Los procesos de descentralización, por ser procesos son muy dinámicos, los avances y retrocesos son su signo, como en toda puja por el poder. Los niveles de gobiernos descentralizados exigen más atribuciones, competencias y recursos mientras que los Gobiernos Nacionales en la generalidad de los casos regulan gradualmente el proceso de dichas transferencias. Muchos conflictos encuentran su explicación local o regional y a veces nacional en dicha puja política.

El actual proceso de descentralización en el Perú desde el punto de vista de la constitución de Gobiernos Regionales autónomos y de la elección de las autoridades regionales es reciente, esta en sus inicios, tiene menos de cinco años y sólo una vez (hace menos de un año) han sido renovadas sus autoridades. Desde la perspectiva de la elección de las autoridades municipales el proceso está consolidado, llevamos 27 años eligiendo Alcaldes y Regidores en 9 elecciones generales consecutivas. Y, siempre, debe apreciarse que cada proceso electoral, nacional, regional o local redefine el ejercicio del poder político en el país.

En el Perú, desde la elección de las autoridades municipales de los 80 hemos tenido redefiniciones del mapa político en cada elección nacional o municipal y desde el 2002 esa redefinición en el país se da también en el ámbito departamental a través de las elecciones regionales (2002 y 2006). En las elecciones cambia el mapa político nacional, regional o local según se trate de las elecciones que se realicen.

1. Los mil rostros del poder político regional y local en el Perú

A la luz de los dos últimos procesos electorales se puede ver claramente la redefinición del mapa político del país, los resultados electorales de un proceso a otro cambian radicalmente a pesar del poco tiempo trascurrido, en apenas medio año aproximadamente los rostros de quienes ejercen el poder político a cambiado radicalmente. Por ejemplo: el APRA, el partido político más antiguo del país y que hoy se encuentra en el ejercicio del Gobierno Nacional y sin duda alguna el partido político de mayor y mejor organización nacional, durante el 2006 sólo pudo elegir 2 Presidentes Regionales (Piura y La Libertad), 17 alcaldes provinciales y 231 alcaldes distritales; UPP-PNP la primera fuerza electoral del 2006 hoy dividida sólo logró 1 Presidente Regional (Cusco), 14 alcaldes provinciales como UPP y 10 alcaldes como PNP; 122 alcaldes distritales como UPP y 70 como PNP; y UN la tercera fuerza política nacional no tiene ningún Presidente Regional, sólo 4 alcaldes distritales y 60 distritales.

Durante las elecciones generales de abril del 2006 para elegir al Presidente y al Congreso de la República, a la luz de los resultados electorales, los grandes movimientos fueron UPP-PNP, APRA, UN, AF, AP y sobrepasaron la valla electoral RN y PP. La mayoría de ellos son agrupaciones políticas de la década pasada salvo el APRA y AP. Esas agrupaciones políticas, prácticamente desaparecieron del escenario político regional medio año después:

• En el nivel regional fueron electos movimientos regionales en 67% (16) y en 25% (6) fueron electos representantes de partidos políticos; el 3% restante correspondió a alianzas electorales.
• En el nivel municipal provincial ganaron las elecciones los diferentes partidos políticos en 45% (88), correspondió a los movimientos regionales el 38% (74), a las organizaciones locales el 8% (15) y el 9% (18) a alianzas electorales.
• En el nivel distrital ganaron los partidos políticos en el 51% (839) de distritos, los movimientos regionales en 29% (463), las organizaciones provinciales en 7% (108), las organizaciones distritales en 50 (3%) y las alianzas electorales en 10% (155).

Dichas cifras evidencian una enorme dispersión electoral a nivel regional puesto que dos tercios de autoridades son de movimientos regionales y a nivel provincial y distrital alrededor de la mitad provienen de movimientos regionales, provinciales y distritales.

Por otro lado, en relación a las autoridades electas por partidos políticos es conveniente hacer algunas precisiones: i) La cifra agregada de los partidos debe dividirse en varias agrupaciones políticas. ii) Las autoridades electas dentro de los partidos en una gran cantidad son invitados y no son militantes de los mismos y iii) La presencia de los partidos políticos a nivel regional y local generalmente es electoral, reduciéndose al mínimo su presencia fuera de las elecciones.

En realidad una mirada limpia del panorama o escenario político nacional desde el punto de vista de las autoridades políticas comprueba la existencia de miles de rostros políticos en el “interior” del país, los cuales, por lo general, son esencialmente diferentes al rostro político más homogéneo que nos deja una elección nacional presidencial y/o congresal. Ese panorama del ejercicio del poder político en el país resalta claramente lo complicada que puede ser la negociación política nacional; son demasiadas las autoridades y tendencias, las reivindicaciones e intereses para recuperar e integrar en una visión de desarrollo del país, de la región y de la localidad.

2. La fragilidad de ejercicio del poder político regional y local

Esos miles de rostros políticos, obviamente, tienen nombre político y personal propio. El peso de su nombre tiene una relación directa y proporcional con la fortaleza interna de su organización política, la capacidad de representación y arraigo de la autoridad y su organización, el conocimiento y experiencia en gestión gubernamental y la articulación con los actores económicos y sociales de su comunidad.

El nombre político lo dan sus propias agrupaciones regionales o locales que en la mayoría de los casos son organizaciones débiles articuladas en mérito al peso personal del líder de dicha agrupación. La gran mayoría de autoridades regionales y locales han sido electas con menos del 50% de votos. Nuevamente, una mirada limpia del panorama político regional y local en el país evidencia que el ejercicio del poder político en los departamentos, provincias y distritos se encuentra disperso en “personalidades” (caudillos dicen otros), más que de agrupaciones políticas solidamente arraigadas en su respectivo ámbito territorial.

Si la dispersión política debilita el ejercicio del poder político en el país a nivel nacional, regional y local, la fragilidad de la representación de las autoridades regionales y locales impacta mucho más. La abundancia de rostros políticos regionales y locales, en lugar de beneficiar, perjudica la negociación política nacional, regional y local.

Debe tomarse en consideración también que esta diversidad y fragilidad del multifacético ejercicio del poder regional y local en el Perú se agrava más cuando las autoridades de todos los niveles de gobierno carecen generalmente de experiencia y conocimiento para la gestión gubernamental. En este aspecto, es de resaltar que en los 25 Gobiernos Regionales sólo 10 consejeros fueron reelectos de un total de 228 y sólo dos Presidentes Regionales lograron dicha reelección: Yehude Simon en Lambayeque con su Partido Regional y Cesar Trelles del APRA.

Lamentablemente el rostro multifacético del ejercicio del poder regional y local se complica y debilita con autoridades cuya agrupación política esta en formación o no es sólida, ellas y su organización tienen poco arraigo y representación y, adolecen de conocimiento y experiencia para la gestión gubernamental. Lo positivo de la diversificación política regional y local debido a la debilidad y fragilidad de las estructuras políticas nacionales encuentra sus límites en la casi nula articulación que permita reconstruir una visión regional y nacional.

En el escenario de un frágil ejercicio del poder político regional y local se inscribe además la carencia de planes, programas y proyectos de gestión gubernamental. Las propuestas de campaña por lo general genéricas aún no son implementadas o a los pocos meses han sido descartadas por su inviabilidad. Es decir, tenemos autoridades regionales y locales que además de tener una frágil cuota de poder político carecen de una visión y planes de mediano y largo plazo que orienten el desarrollo regional o local y de instrumentos de gestión que justamente impulsen y concreten mediante programas y proyectos dichos planes de desarrollo. Ejercer el poder político sin horizonte y sin instrumentos concretos de gestión obviamente genera las condiciones para desperdiciar oportunidades que impulsen el desarrollo.

Al no existir horizonte ni instrumentos de gestión es nulo o poco lo que se puede aspirar como procesos de articulación del poder político regional y local con otras expresiones de poder a nivel departamental, provincial o distrital sea a nivel económico y/o social. En la generalidad de los casos es pobre la articulación de las autoridades con los empresarios regionales y locales sea a nivel gremial (Cámaras de Comercio e Industria) o nivel individual. También es pobre su articulación con los Colegios Profesionales, Universidades, Mesa de Concertación de Lucha contra la Pobreza, gremios y organizaciones sociales. Es una muestra más que suficiente el casi nulo funcionamiento de los Consejos de Coordinación Regional y de los Consejos de Coordinación Local que existen como órganos de concertación por mandato constitucional en los gobiernos regionales y locales. Es decir existen para cumplir la ley, pero no funcionan realmente.

Esa situación explica algunas veces que las autoridades regionales y locales se vean rebasadas por movimientos regionales y locales con reivindicaciones muy concretas. Los gremios empresariales y sociales los superan constantemente y prefieren negociar directamente con las autoridades nacionales en Lima o convocándolas incluso a su propia localidad. La dispersión del poder regional y local entonces es mucho mayor. A los miles de rostros que ejerce en el poder político hay que sumar los miles de rostros de los actores que expresan y ejercen regional o localmente el poder económico y el poder social.

3. La necesaria y urgente necesidad de articular el poder regional y local.

En un contexto caracterizado por la fragilidad y dispersión del poder regional y local a nivel político, económico y social urge la creación y constitución de espacios institucionales que procuren una mayor articulación, concertación e integración de las diferentes expresiones del poder regional y local dentro del departamento, provincia o distrito y entre los diferentes niveles de gobierno existentes en el país.

El fortalecimiento de las autoridades y gobiernos en el ejercicio del poder regional o local supone la optimización de los Consejos de Coordinación Regional o Local mediante la concertación de dichas autoridades con los actores económicos, sociales y políticos de su comunidad. En este aspecto también son importantes los esfuerzos por promover la mancomunidad municipal y la creación de las Asociaciones de Municipalidades Departamentales, Provinciales y/o de cuencas hidrográficas, corredores económicos o circuitos turísticos.

También supone mejorar el establecimiento de mecanismos de coordinación y concertación entre los diferentes niveles descentralizados de gobierno con el Gobierno Nacional. Ante la equivocada desactivación del Consejo Nacional de Descentralización y su reemplazo por una instancia de tercer rango dentro de la PCM es una buena decisión, aun cuando no suple al CND, la constitución de la Asamblea de Presidentes Regionales. También sería buena y oportuna una real reactivación de la AMPE que hoy no se advierte su existencia.

La constitución de mecanismos institucionales de articulación, coordinación e integración regional y local permite optimizar el adecuado ejercicio del poder regional y local y reemplaza considerablemente la falta de articulación local, regional o nacional de la que adolecen. No es mala la existencia de miles de rostros en el ejercicio del poder regional y local; complica y hace compleja su articulación desde la perspectiva del fortalecimiento democrático y la promoción del desarrollo nacional. Los miles de rostros del poder regional y local son una enorme oportunidad para la redefinición de la estructura del Estado y las mejoras en los sistema políticos de representación.

Todo proceso de descentralización, bien encaminado, además de propiciar el desarrollo del país es un instrumento de democratización de los Estados. La triangulación de esta triple D: Descentralización, Democracia y Desarrollo, constituye un claro instrumento de redistribución del poder generalmente concentrado en la capital. Esa triangulación es todavía la agenda pendiente del Perú y una urgente tarea de todos los peruanos.
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