La economía peruana actualmente enfrenta una serie de trastornos
como producto de la liberalización de los mercados y el excesivo
protagonismo asignado al mercado como factor de eficiencia. Con este
fin, se ha apostado con una marcada tendencia hacia un Estado cada
vez menos interventor en la economía, dejando actuar cada vez
más libremente al mercado; pero este nuevo rol del Estado no
implica la desatención de amplios sectores de la población.
Tristemente, la pobreza en nuestro país, es el más tradicional
y el más vigente de los problemas que se agravan aún
más por las sucesivas crisis económicas y las políticas
de ajuste aplicadas en los últimos años, no sólo
ahondaron los problemas estructurales pre-existentes, sino que al
mismo tiempo implicó impactos extensivamente en la población,
generando importantes procesos de movilidad social descendente.
Durante los últimos diez años se ha observado una transformación
extraordinaria del pensamiento económico. El fuerte intervencionismo
del Estado ha sido desplazado lentamente por un nuevo modelo de orientación
hacia el mercado. El contexto económico actual de globalización,
la nueva producción cada vez más robotizada, no está
produciendo nuevos empleos, y más bien ha generado una marginación
creciente de amplios sectores de la población, para los cuales
“ no ha sitio” en el sistema productivo, el cual ha generado
el llamado “crecimiento sin empleos”.
El espejismo de las cifras macroeconómicas del crecimiento
de la economía peruana (6.9% el PBI en 1995; 2.8% en 1996 y
el 7.4% en 1997); no es palpada por la gente común y corriente,
que más bien ha visto empeorar su nivel de vida, el nivel de
ingreso se ha deteriorado cada vez más la población
no llega a alimentarse adecuadamente; afectando principalmente a los
niños, que en su mayoría están desnutridos, pero
¿Este crecimiento económico realmente ha beneficiado
a los sectores más pobres del país? Indudablemente que
no.
La exclusión de los pobres de los beneficios de la economía,
ha originado en el país, la desigual distribución de
la riqueza, distribución asimétrica de oportunidades,
un gran porcentaje de la población vive con insuficiencia de
ingresos, subconsumo, desnutrición (48.3% de los niños
de primer grado de primaria, presentan desnutrición crónica;
es decir de manera persistente), inadecuadas condiciones habitacionales,
bajos niveles educativos, una precaria inserción en el mercado
laboral y una perniciosa percepción de no sólo no tener,
sino no poder.
La magnitud de pobres en nuestro país es alarmante, más
de la mitad de peruanos son pobres (11.5 millones); 20% en extrema
pobreza (4.7 millones); 45% de los pobres extremos habitan en la sierra
rural; es decir, casi 3 millones viven en el campo.
La pobreza afecta tanto que diariamente nacen 548 pobres y 23 cada
hora, involucra a 1 de cada 5 peruanos y que en estos últimos
años se han incrementado más pobres a pesar de los esfuerzos
realizados por el gobierno, según Cuánto S.A. entre
1995 – 1996 los pobres aumentaron de 46.5% a 49.0% ENNIV, 1996.
El crecimiento de la pobreza y su proporcionalidad con el crecimiento
del desempleo, subempleo y la depresión del salario constituyen
una hipótesis comprobada ya en todos los países de la
región, en la que se han aplicado políticas de liberalización
del mercado, aunque en ninguno con la magnitud del caso peruano.
Este incremento de la pobreza está caracterizada por la pérdida
en la capacidad de compra de los hogares, las familias muestran una
recomposición en la estructura del gasto de la canasta de consumo
y de una concentración de la distribución del ingreso,
de las estrategias de supervivencia de la población pobre se
ha masificado. La situación más grave de este indeseable
problema se localizan especialmente en la sierra rural, de cada 10
personas pobres, sólo 2 tiene acceso al agua potable y ninguno
servicio de desagüe en su vivienda (Apoyo S.A. –UNICEF,
1996).
El departamento del Cusco, con una preponderancia aún rural
de su población (54%), es el séptimo departamento más
poblado del país; pero que presenta una alta carencia de necesidades;
7 de las 13 provincias del departamento del Cusco se encuentran con
niveles de pobreza por encima del 90% (estrato muy pobre). Los mayores
afectados son las provincias de Chumbivilcas, Paruro, Acomayo, Canas
y Anta. De los 1793 distritos existentes en el país, el distrito
de Quinota (Chumbivilcas) ocupa el segundo lugar de este ranking de
pobreza (INEI, Mapa de NBI, 1994).
Si bien es cierto, la pobreza no es fenómeno reciente y que
las causas de su origen, persistencia y profundización refieren
factores estructurales, también en estos últimos años
se agudizó y se extendió -y que decir de la clase media,
bastión de lucha, que se desmorona lentamente- y el nivel de
vida de la sociedad en general sufrió un deterioro que no será
fácil superarlo.
Entonces, la población exige que el actual gobierno se preocupe
aún más de los sectores más carentes, que urgentemente
demandan mayor educación, salud, empleo y alimentación.
Por tanto, es necesario entender este problema, sin una adecuada atención
a los más pobres, el país enfrentaría el riesgo
de echar al tacho la estabilidad y el crecimiento logrado con tanto
sacrificio y que ésta efectivamente sean los beneficiarios
del crecimiento y no se concentre apenas en una reducida cúpula
de “peruanos”.
Este artículo fue
publicado por el autor en el Diario “El Comercio “ del
Cusco el 06 de Julio de 1998. Página 5. |